Pandemia vs Educación

Hace más de un año nos encontramos con la dura realidad que nos habían movido el queso. Si, como aquel video animado donde unos ratoncitos que vivían en un laberinto lleno de comida, con muchas comodidades y sin preocuparse por el futuro, se dedicaban solo a comer, “vivir tranquilamente” y sin preocuparse por nada.

Hoy toda la humanidad se ve sumergida en una cricis que ha puesto de manifiesto las fortalezas y debilidades de cada individuo. Todo el modelo económico y social ha sido impactado gravemente y dentro de los más golpeados esta el sector educativo.

En Latinoamérica la desigualdad, la falta conectividad y una comunidad educativa que, por más de 30 años, no supo vislumbrar que se tenían que hacer cambios  profundos en el sistema y sobre todo actualizar los modelos pedagógicos, se ve enfrentada a la cruda realidad de que lo que tenemos no es suficiente para superar a corto plazo esta catástrofe.

¿Y qué nos hizo falta para estar preparados?

La respuesta puede ser compleja pero a la vez sencilla si hubiera existido la voluntad de ofrecer y elevar el nivel educativo en nuestra región y de hacernos partícipes de la responsabilidad de mejorar la calidad de la educación a través de la emisión responsable del voto: “nuestra mejor arma para impulsar cambios profundos“.

 

Desde que tengo uso de razón, recuerdo que en mis tiempos de adolescente, se implementaron y se siguen implementando, programas de actualización y adopción de la tecnología dentro del ámbito educativo. Estos proyectos (con límites de tiempo según el gobierno de turno) atacan una parte del problema y allí está el talón de aquiles y el fracaso de los mismos. Algunos dirán que no es un fracaso, entonces revisemos los resultados de las pruebas internacionales y las comparaciones con países líderes en educación a nivel mundial. 

 

En Latinoamérica muchos programas de actualización del modelo educativo se dedicaron a repartir computadoras porque la moda hizo creer que éstas podían mejorar los resultados, pero rápidamente nos dimos cuenta que sin una oportuna capacitación y seguimiento a los encargados de impartir los procesos de enseñanza aprendizaje, estos aparatos eran un hierro que en muchos casos se utilizaron para satisfacer la necesidad de conectarse a redes sociales, juegos , enviar un correo electrónico o simplemente buscar el significado de una palabra en google.

 

Otros programas apostaron a la capacitación con integración de tecnología, pero el enfoque no estuvo bien, muchas de estas iniciativas se centraron en el aprendizaje de herramientas tecnológicas y no en la parte pedagógica de como integrar éstas al proceso de enseñanza aprendizaje. Muchos aprendieron a utilizar una herramienta específica y cuando ésta dejó de existir no se tuvo la capacidad de buscar una similiar y seguir trabajando ya que se aprendio sobre la herramienta y no sobre el proceso.

 

Tras aprender de los errores se propusieron iniciativas que contemplaban los enfoques antes mencionados: capacitación y equipos tecnológicos, pero nuevamente la ecuación estaba incompleta ya que se requería que se facilitara el acceso a contenido digital y a un muy bien diseñado programa de desarrollo profesional que permitira a la comunidad educativa aprovechar los tres lados de la pirámide: capacitación continua, suministro de dispositivos para garantizar la conectividad y acceso contenido digital contextualizado.

 

En el 2012, leía que la población docente de Latinoamérica ya estaba vieja (sin ánimos de ofender), que sobrepasaban los 45 años de edad y que se requería mucha energía para atender, en promedio de 25 a 35 estudiantes por salón, a la generación actual que nació en una época muy tecnológica y que tendríamos docentes del siglo 20 educando a chicos del siglo 21. Éstos docentes siguen en el sistema, con mucha más edad y con un panorama difícil producto de las políticas de aumentar las edades de jubilación con el objetivo de salvar las finanzas, ya golpeadas, de los programas de jubilación.

 

Con la pandemía quedó a flor de piel la falta del manejo de las TIC dentro de la educación y de un currículo actualizado y acorde a nuestros tiempos. Muchos actores del sistema educativo, aprendieron a los golpes a utilizar algún sistema de video conferencia e intentaron trasladar el modelo presencial al modelo virtual. ¿Cuánta diferencia hay entre un modelo y otro? ¿Intente hacer una casa sin preparar un plano, haber como le sale?

 

Los gobiernos se preocuparon por comprar plataformas, algunos contenidos millonarios a modo alquiler (negocio redondo), pero muy pocos se preocuparon por prestar atención al eslabón más importante: “El Docente“, ese que se enfrentó y se enfrenta, en este nuevo año escolar, al desafíó de dar clases a estudiantes que no cuentan con las condiciones mínimas,  lo que ha provocado el  incremento de la deserción escolar agrabando muchos más los problemas sociales en nuestos países. Hoy ese mismo docente es el que tendrá que establecer las estrategias para llegar a aquellos que no tienen ni para comer ya que las condiciones relativas a conectividad, acceso a internet y condiciones de bioseguridad en las escuelas no serán las mejores.

Por otro lado la razón de ser de todo sistema educativo: “el estudiante” es el más sufrido en esta situación. Ya es hora que se deje de poner el foco de medición en los estudiantes, el último eslabón de la cadena educativa. ¿Por qué no se hace una prueba para los Ministros de Educación, para los Directores Regionales, Supervisores, Directores de Colegios, Incluso al Jefe de Estado, que es quien dictamina el rumbo del país?

 

Ellos, son el inicio de la cadena que impacta directamente al sistema educativo. Entonces cuando se habla de rendimiento y resultados se señala directamene a los docentes y estudiantes, es injusto pero cierto, estudiantes y docentes cargan el peso de las malas decisiones de los que administran la educación en nuestros países.

 

Analicemos el embudo, la máxima autoridad de un país con un equipo de trabajo determina el plan educativo de su gobierno. Por cierto, son planes que al presentarlos en campaña enamoran al electorado y muestran con detalle la ruta a seguir para mejorar la situación precaria del sistema. Esta ruta al final de los períodos de gobierno, termina siendo una mala caricatura de la propuesta original. ¿No te parece una radiografía común que se repite en gran parte de Latinoamérica?

Luego se nombra al encargado (a) de la cartera de educación , el o la cual hace modificaciones y trae a su equipo de trabajo. Equipo que muchas veces y por muchos años ha formado parte del sistema y son beneficiados por una rotación de puestos que ya ha sido acordado entre los partidos políticos. Con este modelo de autoreciclaje político ¿cómo vamos a tener avances en educación?, ¿Cuánto se puede modernizar el sistema? y la pregunta obligada es ¿Cuál a sido el legado de éstos persojanes despues de décadas de rotar en puestos directivos dentro del sistema educativo?. Desde aquí se pone en marcha el programa estatal, el plan de gobierno o como queramos llamarlo y se baja la línea a seguir a los Directores Regionales, Supervisores y luego a los Directores de Escuela. Éstos últimos encargados de liderar al cuerpo docente que ejecuta las directrices marcadas por el gobierno de turno.

 

Entonces, si el sistema falla, si no funciona, ¿Por qué en los resultados de las pruebas internacionales se exhibe al estudiante, se estigmatiza al docente como el culpable y no se señalan a los que verdaderamente toman las decisiones y políticas de estado?.

 

Observemos que en los países líderes en educación, tienen algo en común: desde la máxima autoridad hacia abajo tienen muy claro cuales son los objetivos y ejecutan las políticas públicas necesarias para brindar una educación de calidad a sus ciudadanos. Seguro que si se les aplicara una prueba como PISA saldrían igualmente en los primeros lugares. Y allí se revela algo importante ¿Quién evalúa a los altos directivos? Repuesta: Nadie. ¿Que consecuencias acarrea hacer bien o mal tu trabajo en el sector educativo? Respuesta: No hay consecuencias.

 

Dejemos de exibir a estudiantes y señalar exclusivamente a los docentes como si fueran ellos el problema. El problema parte del nivel macro y de la selección de los brazos ejecutores que estarán al mando de los puestos claves. ¿De que vale un plan muy bien elaborado si no tienes a las personas idóneas para ejecutarlo y transmitír la mística de una verdadera revolución educativa?

 

La pandemía ha venido a desnudar al sistema, a puesto de manifiesto las enormes debilidades del modelo educativo actual, la falta de un política de estado donde la educación este de primero y sobre todo nos hace reflexionar sobre los cambios profundos que debemos afrontar como sociedad. ¿CUÁNTO DOLERAN ESTOS CAMBIOS? MUCHÍSIMO, pero que son necesarios para garantizar el futuro de las nuevas generaciones.

 

Todos somos responsables de la situación pero todos debemos ser conscientes que tenemos algún grado de responsabilidad que nos hace cómplices de la realidad educativa en cada uno de nuestros países.

 

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